
Josefina Hurtado, Antropóloga integrante del Colectivo Conspirando, fue entrevistada por Genera. Ésta fue publicada en el Boletin Genera Debate.
Desde el campo de la espiritualidad en que ustedes trabajan, ¿cuál es su postura frente a esta supuesta disyuntiva respecto del derecho a la vida? Es una disyuntiva que está en el plano de las creencias de las personas, por lo tanto está fuera de lo que tenga que ver con el Estado. Justamente como habemos personas con alguna afiliación religiosa en nuestro colectivo, pensamos que todo lo que tiene que ver con el campo valórico, de las creencias, no puede resolverse desde una visión fundamentalista que trate de llegar al conjunto de la población. Desde un Estado de derecho, y una población que quisiera ejercer la libertad, esas son decisiones que se deben tomar de manera autónoma. ¿Entonces por qué la distribución del fármaco aparece como ilegítima? Que un grupo de personas se junte a tomar decisiones tan importantes como estas es una locura, algo inaceptable en este siglo. Lamentablemente estamos heredando un tutelaje que ha tenido la Iglesia Católica respecto del cuerpo de las mujeres. Por lo general las iglesias han tendido a tomar como suyos temas que son de la competencia de las personas. Pero en la medida que vamos avanzando en la construcción de derechos, esto se tiene que ir resolviendo. Vemos cómo iglesias que no son tan hegemónicas como la católica y también han vivido la discriminación tienen una mayor sensibilidad para abordar estos temas, porque están mucho más cerca de las personas para tomar sus decisiones. Y dentro de la misma Iglesia Católica, las personas que trabajan con las bases, en las pastorales, toman decisiones desde el conocimiento que tienen de las personas. También está el factor político, ¿Cree que se ha hecho suficiente para avanzar hacia las libertades y derechos? El cuerpo de las mujeres ha sido casi un objeto de canje para lograr o negociar otros derechos. En la Conferencia de Población y Desarrollo me tocó ver cómo el Vaticano ejerce una influencia muy insistente en países donde tienen hegemonía religiosa. Y no se trata del aborto, es el paradigma del miedo y el fantasma que existe al empezar a hablar de estos temas. El miedo de partidos políticos y ciertos sectores de la población que no quieren hablar las cosas por su nombre, temas como el aborto son negados y ésas son negociaciones a nivel político. ¿Qué esperan que suceda con el movimiento social, el debate generado a partir de esto? Lo importante es no olvidar a qué se está apelando, ya que estamos en un momento electoral donde es muy fácil ir testeando lo que es más conveniente. Estos movimientos surgen para demostrar un malestar que se mantiene latente y emerge cuando lo que está en juego es este control sobre los cuerpos. Es muy importante que como sociedad asumamos que lo que afecta al cuerpo de las mujeres nos afecta a todos. Pero no olvidar que para poder deconstruir esa construcción social basada en la inequidad, en la desigualdad y en la consideración de que un cierto sector de la población es prácticamente incapaz de tomar decisiones, tenemos que entender sus raíces, ir a las causas y no quedarnos en algo cosmético. ¿Y cómo potenciar este momento, ampliar la participación social? La mejor forma de sacar provecho de este momento es la posibilidad de conversar y poder romper esas dicotomías que heredamos de la dictadura, de ver todo blanco y negro. Si lo pudiéramos ver como una oportunidad, de conversar y ponerse en el lugar de la otra persona, y que a través de esto que le está haciendo “click” a tanta gente, pueda llevar a hacerse preguntas: quizás sobre un Tribunal Constitucional que no sabía que existía, o sobre métodos de anticoncepción que no sabía de qué se trataban. Pero asimismo, la posibilidad de que muchos otros sectores se abran a este diálogo. Ojalá nos pusiéramos en un rol de mayor madurez como sociedad, y enfrentar temas de los cuales no nos podemos desentender. ¿En términos institucionales, legislativos, a qué aspiran? Como Foro sacamos el año 2000 el Proyecto Ley Marco sobre Derechos Sexuales y Reproductivos, que está durmiendo en el Congreso y tendría que retomarse. Es un proyecto que tiene los límites de las convenciones que Chile ha aprobado, por lo tanto ni siquiera estaría trasgrediendo algo que le pudiera ser incómodo. Sería una plataforma muy importante, también pedagógica, para poder empezar a entender qué significan estos derechos sexuales y reproductivos, y ahí hay muchos temas complejos que hoy simplemente no se conversan.






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